
La emoción de la espera, de cada tarde al llegar del colegio mirar el buzón, esperando ver un sobre con tu nombre, las tardes pegado al escritorio leyéndola, y acto seguido empezar la respuesta, para así poder mandarla al día siguiente, y así que la otra persona la leyese lo antes posible, y que se pusiera manos a la obra para responder. Era una sensación difícil de describir, pero todos los sentimientos eran positivos, y mirándolo con perspectiva, lo echo mucho de menos.
No es que me escribiera con muchas personas, pero se lo tomaban igual que yo, con mucha ilusión, y respondían siempre muy deprisa, lo cual se lo agradecía enormemente, pero por unas razones u otras, poco a poco, las cartas se van retrasando, hasta que al final se abandonan, a medida que se crece, el tiempo es limitado, y una de las primeras cosas que se quitaban del medio era el tiempo invertido en escribir cartas, y con las nuevas tecnologías, una excusa perfecta.
No digo que sea mala la tecnología, si lo pensara, no estaría escribiendo aquí, pero echo la vista atrás, y no es lo mismo, lo echo en falta, soy un romántico chapado a la antigua, jaja.
No me ha quedado el post tan poético como pretendía, pero bueno, creo que la idea esta clara, jaja.